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Si yo hubiera sido un poquito más inteligente de lo que soy, solo un poquito, ahora mismo habría tomado mis bártulos y habría salido corriendo de este salón. ¿Se preguntan ustedes por qué?   Pues. . . porque ya me aplaudieron. Y si se trata de eso: si se trata del éxito inmediato, si se trata del corto plazo, si se trata del oportunismo, si se trata de que a la ocasión la pintan calva, si se trata de que vale más pájaro en mano que ciento volando,
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ya habría agarrado ahora mi pajarito y habría dicho: “señores, me voy”. Es que hay muchos pájaros volando. . . ¿Y a mí qué me importa? Yo ya cacé mi pajarito. Porque ¿quién me asegura que ustedes van a aplaudirme al final? Eso no me lo asegura nadie. Eso tendré que ganármelo a pulso.
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Podría consolarme y filosofar con aquello de “Sueña el rey que es rey y vive / con este engaño mandando, / disponiendo y gobernando, / y ese aplauso que recibe / prestado en el viento escribe. . .”. Como diciendo: bueno, los aplausos siempre escriben en el viento, viento son, vanitas vanitatum et omnia vanitas.
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Pero créanme que lo agradezco mucho. Lo agradezco con todo el cariño con que ustedes lo han expresado, y procuraré convertirlo en base y en fuerza para ganarme el aplauso final. Comité de Fiduciarios de la Universidad Francisco Marroquín; miembros del Consejo Directivo; señor rector, Giancarlo Ibárgüen; vicerrectores, decanos, directores, profesores y alumnos; alumnos de nuevo ingreso; personal administrativo y de apoyo.
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Queridos amigos: He subrayado la expresión alumnos de nuevo ingreso. Quisiera que ustedes se sintieran a gusto desde este momento. Quisiera que todo lo que digamos y hagamos los que ya hemos volado más por estos lares se les convirtiera a ustedes en un fundamento para confirmarse en la idea de que han acertado; de que están acertando, eligiendo la Universidad Francisco Marroquín, ingresando y estando dispuestos a hacer aquí la carrera que hayan elegido.
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Cuando el señor rector —que Dios lo bendiga y que Dios lo perdone— tuvo la, más que genial, ingenua idea, pero siempre gentil idea, de invitarme a departir con ustedes durante un rato, con motivo de la inauguración oficial de las clases, recordé una anécdota de cuando estaba viviendo en Salamanca y estudiando Teología, allá por los años 60.
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Había entonces en el convento un grupo de religiosos bastante numeroso, que eran donantes de sangre en el Hospital de la Santísima Trinidad. Los encargados del banco de sangre eran los doctores Crego. Era costumbre, entonces, darles a los donantes de sangre un vasito con agua, después de hacer la donación Correspondiente.
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Agradecidos los doctores a esta generosidad de los religiosos, llegaban todos los años al convento a contarnos qué se hacía con la sangre donada y qué anécdotas se producían en relación con esto. Y dicen que una vez llegó un andaluz —porque solo podía ser un andaluz—, hizo la donación de sangre, le dieron un vasito con agua y dijo l’andalú: “pero bueno, ¿cuánta zangre tiene que da uno aquí, pa que le den un vazo de vino?”.
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Y yo me pregunté: ¿Cuánto tiene que saber uno en esta universidad, para que lo encarguen de lo que solemnemente se dice o se llama lección inaugural? Porque yo sé muy pocas cosas. De ustedes prácticamente nada, y de mí… Miren, hay un libro del gran poeta José Hierro, que se titula Cuanto sé de mí. No “¡cuánto sé de mí!” sino Cuanto sé de mí.
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 Ese título está tomado de un verso de Calderón de la Barca, correspondiente a su libro, a su obra, a su drama El médico de su honra, en el que se dice: “Tuve amor y tengo honor; / esto es cuanto sé de mí”. Yo pretendo aplicármelo a mí mismo, y creo que con esto me basta. Tuve amor y tengo honor; esto es cuanto sé de mí. Y desde esta convicción de que tuve amor y tengo honor,
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 trasladados a la figura de don Quijote, quisiera decirles dos cosas, sin eternizarme, porque me podrían echar de aquí a palos, como lo echaron a él muchas veces. Algo sobre ser, estar y hacer, según don Quijote.  SER  ¿Quién era don Quijote? don Quijote es una obra de Cervantes, y en esa obra de Cervantes hay un caballero que se volvió loco y andaba haciendo locuras para acá y para allá.
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Tenía un caballo que se llamaba Rocinante; tenía un ayudante —digamos, un escudero— que se llamaba Sancho; decía que tenía una enamorada, que ni se había dado cuenta de esto, que se llamaba Dulcinea; decía que andaba desfaciendo entuertos; pero más parecía que andaba haciendo entuertos. Miren… “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, 
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no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo…" —subrayo esta palabra: un hidalgo— “de los de lanza en astillero, rocín flaco, galgo corredor y amigo de la caza. Frisaba su edad en los cincuenta años. Era delgado de cuerpo, seco de rostro, gran madrugador. . . ” —gran madrugador. Alumnos: gran madrugador— y amigo de la caza. Se dedicó a leer libros de caballerías. 
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Se pasaba las noches de blanco en blanco —de claro en claro, dice Cervantes— y los días de turbio en turbio. Y de tan poco dormir y de tanto velar, se le vino a secar el juicio. A perder el cerebro. ¿Y qué hay del corazón? Porque del corazón no se dice nada. Y lo que yo pretendo es demostrar que, al secársele el juicio, a don Quijote se le volvió más jugoso que nunca el corazón, y entonces empezaron a cambiar las cosas.
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En el capítulo V de la Primera Parte, se encuentra con Pedro Alonso, y le dice Pedro Alonso: “Mire vuestra merced, señor, ¡pecador de mí!, que yo no soy Rodrigo de Narváez, ni el Marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Baldobinos ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijada”. Al final de la obra, cuando supuestamente don Quijote enfermó y después sanó —eso es un poco complicado— 
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él mismo dice: “Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de bueno”. Él mismo lo reconoce. ¿Qué quiere decir esto? Yo no sé si Cervantes pensó bien las palabras o no pensó bien las palabras, porque él habla de un hidalgo y habla de un caballero andante; y caballero e hidalgo pueden ser sustantivos y pueden ser adjetivos. Yo pretendo utilizarlos como adjetivos.
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Antes que un hidalgo en la escala social. . . Según el Diccionario de la Real Academia Española, hay muchas clases de hidalgos, y empieza hablando por un “hidalgo de bragueta”. Fíjense ustedes: un “hidalgo de bragueta”, que era aquel que llegaba a tener siete hijos. Y si llegaba a tener siete hijos ya tenía la base para que lo reconocieran como “hidalgo de bragueta”.
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Pero don Quijote de esto, nada: era un hidalgo porque actuaba con hidalguía; y antes de ser caballero andante era un caballero porque actuaba con caballerosidad, que de eso se trata. Y entonces se le secó el cerebro, pero no se le secó el corazón. Y sobre esta hidalguía y sobre esta caballerosidad construyó don Quijote todo lo que pretendió construir; y solo sobre eso se construye; y solo sobre eso quisiéramos construir nosotros. ¿Estaré equivocado? Veamos:
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Hidalguía: generosidad y nobleza de ánimo. Caballerosidad: proceder caballeroso. Caballeroso: proceder de caballero por su gentileza, desprendimiento, cortesía, nobleza de ánimo u otras cualidades semejantes. De eso se trata. Así, sí.   Pero se trastornó. Y en el capítulo IV de la Primera Parte, él le dice a Juan Haldudo —aquel que estaba azotando a Andrés, 
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porque parece que le perdía las ovejas—: “Yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones”. Don Pedro Alonso: “Mire, don Quijote, usted no es don Quijote ni yo no soy el Marqués de Mantua”. “¡Yo sé quién soy! —dijo don Quijote— y sé que puedo ser no solo lo que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia y aun todos los nueve de la Fama,
16:37    |    
 pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron se aventajarán las mías”. Lo vamos a ver enseguida. “Un hombre no es más que otro, si no hace más que otro”. “El hombre es hijo de sus obras”. Lo vamos a ver enseguida. Pero quédense con esto: “Yo sé quién soy, yo sé qué soy, yo sé lo que puedo llegar a ser”. Unamuno tiene un libro bellísimo y famoso, que se titula Vida de don Quijote y Sancho; 
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y él comenta estas cosas; y con todo el respeto para Cervantes, dice Unamuno: “A mí no me importa tanto Cervantes ni lo que Cervantes ha dicho. A mí lo que me importa es descubrir yo mismo el Quijote que llevo dentro”. Es muy importante saber quién se es, pero es más importante saber qué se quiere ser, saber qué se quiere llegar a ser.
18:06    |    
¿Será que de verdad estaba loco don Quijote? Porque, ¡caramba!, qué cosas tan atinadas dice. Entonces, consecuente con esto, le dice en el primer consejo que le da a Sancho, cuando Sancho  se va a tomar posesión de la Ínsula Barataria: “Primeramente, oh hijo…”. Don Quijote no era hidalgo de bragueta, en la escala social. Vaya usted a saber por qué era un hidalgo. 
18:48    |    
Pero llama a Sancho hijo: lo trata como un hijo, lo envía como un hijo, lo ve como un hijo, confía en él como en un hijo, lo disculpa como a un hijo. “Primeramente, oh hijo, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría”. Y vean qué lógica tan tremenda esta: “Y siendo sabio no podrás errar en nada”. ¡Vaya! Parece que se cayera por su peso.  “Lo segundo, has de poner los ojos en quién eres, procurando conocerte a ti mismo”.
19:51    |    
Vas a tener que conocer muchas cosas, muchas cosas, pero sobre todo vas a tener que conocerte a ti mismo. “No olvides nunca quién eres, que este es el más difícil conocimiento que puede imaginarse; del conocerse saldrá el no hincharse”. Le pone el ejemplo de la rana que se creyó buey: el no hincharse, el ser humilde, el ser sensato, el no querer avasallar a los demás. 
20:43    |    
Bien, pues este loco tan cuerdo o este cuerdo tan loco —porque yo ya no sé— tenía un propósito. Dice Cervantes: “Rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible —convenible dice Cervantes— y necesario, así para el aumento de su honra —siempre la honra por delante—
21:28    |    
como para el servicio de su república —como para el servicio de su país, como para el servicio de la ínsula que iba a administrar— hacerse caballero andante, y irse por el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio
22:08    |    
y poniéndose en ocasiones y peligros, donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama”. Nombre y fama, honra y servicio de la república. Y en este sentido, él tenía un talante antes de ser armado caballero y después de ser armado caballero. Hechas pues estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo: era impaciente, tenía prisa, había que salir cuanto antes. 
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¿Por qué? Porque era urgente: el mundo lo necesitaba, había muchos entuertos que desfacer. “No quiso aguardar más tiempo a poner en efecto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, abusos que mejorar y deudas que satisfacer.
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Y así, una mañana, antes del día —madrugador, era madrugador— salió al campo con grandísimo contento y alborozo”. Imagínense ustedes el contento y el alborozo de don Quijote. Y ahí iba él, camino de sus aventuras, y se dijo: ¡Caramba! ¿Qué estoy haciendo? Se me está olvidando lo principal. ¡Si no soy armado caballero todavía! ¿A qué vienen ustedes a la universidad? A que los armen caballeros.
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¿O no? A armarse caballeros. Entonces, vuelve don Quijote, llega a la venta —a la venta que para él era castillo— y lo armaron caballero, de alguna manera, como vamos a ver ahora en otro sentido. Y ya armado caballero, “la del alba sería. . .” —esta expresión siempre me ha gustado mucho—, no acababa de salir el sol. Imagínense Castilla,
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 la Mancha, los olivos, las encinas (la del alba sería), los campos de Montiel (la del alba sería). . ., cuando don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero —como el día que ustedes se reciben en la universidad—, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo, y no había nadie que aplaudiera. 
25:56    |    
Pero él “. . . iba tan contento, tan gallardo, tan alborozado, por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo”. Y aquel caballo que para don Quijote era Rocinante, el as de todos los rocines del mundo, aunque alguien lo comparara con el caballo de Gonela que tantum pellis et ossa fuit —que solo era pieles y huesos—. . . Pero si el corazón de don Quijote estaba jugoso, el corazón de Rocinante también lo estaba. Bien, esto en cuanto a ser.
26:56    |    
En cuanto a estar, les voy a leer lo siguiente: en la Carta a los Efesios, capítulo 5, versículo 15, dice San Pablo: “Vivid circunspectamente, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”. Yo no quiero pensar ni acepto que cualquier tiempo pasado fue mejor;
27:49    |    
pero los días son malos, ya en tiempo de San Pablo eran malos, y hay que hacerlos mejores. Vivid circunspectamente. No es una palabra gratuita. Circum-spectamente —de aspiccere—. . . Como dicen en Guatemala: volando ojo. Aspiccio  es mirar, y mirar con intensidad, no de cualquier manera. 
28:33    |    
¿Para qué? Para que no nos agarre el toro por la espalda. Sabiendo sobre qué pie se está parado. Hace una semana más o menos, no sé si por casualidad o cómo —yo no creo mucho en la casualidad—, conectando un canal de televisión, pude observar a un jovencito muy pequeño, 
29:08    |    
en una plaza de toros, citando a un toro, de rodillas y vuelto él de espaldas al animal. Eso no lo vi nunca, por ejemplo, en La tauromaquia de Goya: un muchachito citando a un toro de espaldas y de rodillas, pero el muchachito tenía un espejo en la mano, como un espejo retrovisor, y el toro embestía, 
29:53    |    
y siempre se engañaba; y volvía a embestir, y siempre se engañaba; y volvía a embestir, y siempre se engañaba; porque el toro estaba alucinado y el muchachito estaba iluminado, sabiendo lo que hacía, circum-spectamente. Bien, como se trata de “estar”, cuando don Quijote llega a la venta, que para él era castillo, 
30:28    |    
y lo recibe el ventero, que para él era el dueño del castillo, don Quijote le pide que lo arme caballero y se hinca de rodillas y dice: no me levantaré de aquí antes de que vuestra merced me arme caballero, como Dios manda. Y entre bromas y veras —más bromas que veras— el ventero lo manda poner de rodillas, 
31:04    |    
le da la pescoazada, hace como que lee un libro donde anotaba los piensos que le echaba a las caballerías y lo que gastaban los arrieros en esto —algo que a él se le ocurrió—, y don Quijote está armado caballero.  Pero antes de esta ceremonia, don Quijote veló sus armas. 
31:37    |    
Puso las armas sobre el brocal de un pozo que había para que bebieran las caballerías, y con gentil continente —estoy hablando de “estar”— se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo, comenzaba a cerrar la noche. Don Quijote. . .  plon, plon —velando las armas— plon, plon, plon… 
32:20    |    
¿Qué es esto? Hay que velar, hay que velar; hay que velar las armas. Llegaron los arrieros y la emprendió con ellos a trancazos. Con sosegado ademán, unas veces se paseaba, otras arrimaba su lanza, ponía los ojos en las armas, sin quitarlos por un buen espacio de ellas, y llegaron los arrieros, 
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la emprendió con ellos, como acabo de decir, lo apalearon y siguió. Hecho esto, “recogió sus armas y tornó a pasearse con el mismo reposo que primero”. Y volvió otro arriero, y le rompió la cabeza, y dejó retirar a los heridos, “y tornó a la vela de sus armas, con la misma quietud y sosiego que primero”.
33:43    |    
Porque don Quijote era un caballero, no un salteador de caminos como los de Sierra Morena; era un hidalgo que actuaba con hidalguía; era un caballero sereno, discreto, respetuoso, que sabía lo que valía y lo que no valía; que sabía quién era y qué quería hacer; que sabía qué significaban sus armas y que significaban sus luchas. 
34:21    |    
Y esto mismo es lo que hizo, por ejemplo, en Sierra Morena. En Sierra Morena: En esto le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos, el uno más gordo que los demás, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo,
34:48    |    
donde rezó un millón de avemarías. Y lo que le fatigaba mucho era no hallar por allí otro ermitaño que le confesase y con quien consolarse; y así, se entretenía paseándose por el pradecillo escribiendo y grabando por las cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos, todos acomodados a su tristeza, y algunos en alabanza de Dulcinea.
35:29    |    
“Estos chopos del río / (estoy haciendo un paréntesis) tienen en sus cortezas / grabadas iniciales que son nombres / de enamorados, cifras que son fechas”. Esto es de Antonio Machado. Pero así lo hacía también don Quijote. Y lo mismo, por ejemplo, cuando decidió quedarse en vela,
36:04    |    
porque había escrito un madrigalillo y quería quedarse en vela para recitar y cantar aquel madrigalillo: Duerme tú, Sancho, que naciste para dormir; que yo, que nací para velar, en el tiempo que falta de aquí al día, daré rienda suelta a mis pensamientos y los desfogaré en un madrigalete que, sin que tú lo sepas, anoche compuse en la memoria. 
36:41    |    
Yo también conozco a uno que escribía madrigaletes por la noche, sin que nadie se enterara, porque por el día no podía escribirlos. Cada verso de estos acompañaba de muchos suspiros y no pocas lágrimas, bien como aquel cuyo corazón tenía traspasado con el dolor del vencimiento y con la ausencia de Dulcinea.
37:15    |    
¿Se imaginan ustedes a don Quijote cantando? ¿Se lo imaginan cantando por la noche él solo y recitando los versos que él mismo ha escrito? ¿Se lo imaginan? Imagínenselo. Porque se le secó el cerebro, pero tenía muy jugoso el corazón. El corazón funciona de otra manera.
37:45    |    
Ayer, cuando estábamos haciendo aquí una prueba de sonido, y me pusieron este micrófono, me preguntaron: Don Amable, ¿dónde quiere que se lo pongamos? Al lado del corazón —les dije yo. Y esta mañana: Don Amable, ¿de qué lado quiere que le pongamos el micrófono? Al lado del corazón.
38:04    |    
Les dije: “Qué bonito estaría yo con una flor en la oreja”, y aquí está la flor; la trajeron. . . ¿Será que está uno tan loco? ¿O es que el corazón funciona de otra manera? Bien, la realidad es la realidad, y en el caso de su encuentro con el propio Juan Haldudo, don Quijote dice: “Cada uno es hijo de sus obras”.
38:46    |    
Son las obras las que nos recomiendan. Esto también lo comenta muy bien Unamuno: Cervantes no habla del linaje de don Quijote, de sus padres, de sus abuelos, de nadie. Pero don Quijote tiene un linaje: es hijo de sus obras. Por sus frutos los conoceréis: por la cantidad y por la calidad. 
39:18    |    
Después del encuentro con los rebaños —ahí también lo apalearon—: “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro”. Que nos dejen de cuentos y de teorías y de historias; hay que practicar, hay que hacer. Es la voluntad, más que la cabeza, 
39:47    |    
la que tiene que ponerse de manifiesto y demostrar lo que uno significa, lo que uno vale y lo que uno puede. En el encuentro con los yangüeses — ¿ustedes recuerdan el encuentro con los yangüeses?—. Iban los yangüeses aquellos con unas jacas, dice Cervantes, con unas jacas gallegas. . . 
40:17    |    
y el pobre de Rocinante, ¡ay Rocinante mío!. . . Pues dice Cervantes que trató de refocilarse un poco con las jacas, pobre Rocinante, y entonces las jacas se espantaron y los yangüeses apalearon a Rocinante, los yangüeses trataron de apalear a don Quijote. Pero, claro, don Quijote no podía pelear con cualquiera,
40:47    |    
¡cómo va a ser! Yo con esa ralea no puedo pelear; yo tengo que luchar con caballeros andantes, con caballeros de verdad, no con esa ralea. Y le dice a Sancho: bueno, Sancho, esto te toca a ti. Y Sancho, que era muy calculador; que no sabía leer ni escribir, según él, pero que calculaba muy bien, 
41:14    |    
dice: “¿Qué diablos de venganza hemos de tomar, si estos son más de veinte y nosotros no más de dos?”. “¡Yo valgo por ciento!” —respondió don Quijote—. Imagínense, ¡yo valgo por ciento! El hombre es hijo de sus obras, un hombre no es más que otro si no hace más que otro y ¡yo valgo por ciento! 
41:51    |    
Las cuentas de Sancho no coincidían con las de don Quijote. Y todo esto, ¿para qué? ¿A dónde vamos con todo esto? ¿A dónde vamos con tanto propósito? ¿A dónde vamos con tanto sueño? ¿A dónde vamos con tanta aventura? ¿Para qué? Todos ustedes creen que estamos en el Juan Bautista Gutiérrez, 
42:31    |    
pero no estamos en el Juan Bautista Gutiérrez. Todos ustedes creen que esto es un escenario, pero esto no es un escenario. Todos ustedes creen que yo soy Amable Sánchez Torres, pero yo no soy Amable Sánchez Torres. Esto es una mazmorra, esta es la mazmorra de un castillo.
43:09    |    
En la mazmorra de este castillo se está oyendo una voz. Apenas hay luz. . . Escuchen: ¡Ay mísero de mí, ay, infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido.
44:13    |    
Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor; pues el delito mayor del hombre es haber nacido. Sólo quisiera saber para apurar mis desvelos (dejando a una parte, cielos, el delito de nacer), qué más os pude ofender para castigarme más. ¿No nacieron los demás? Pues si los demás nacieron, ¿qué privilegios tuvieron qué yo no gocé jamás?
45:17    |    
Nace el ave, y con las galas que le dan belleza suma, apenas es flor de pluma o ramillete con alas, cuando las etéreas salas corta con velocidad, negándose a la piedad del nido que deja en calma; ¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad? Nace el bruto, y con la piel que dibujan manchas bellas, apenas signo es de estrellas (gracias al docto pincel),
46:00    |    
cuando, atrevida y crüel la humana necesidad le enseña a tener crueldad, monstruo de su laberinto; ¿y yo, con mejor instinto, tengo menos libertad? Nace el pez, que no respira, aborto de ovas y lamas, y apenas, bajel de escamas, sobre las ondas se mira, cuando a todas partes gira, midiendo la inmensidad de tanta capacidad como le da el centro frío;
46:41    |    
¿y yo, con más albedrío, tengo menos libertad? Nace el arroyo, culebra que entre flores se desata, y apenas, sierpe de plata, entre las flores se quiebra, cuando músico celebra de las flores la piedad que le dan la majestad del campo abierto a su huida; ¿y teniendo yo más vida tengo menos libertad? En llegando a esta pasión, un volcán, un Etna hecho, quisiera sacar del pecho pedazos del corazón.
47:42    |    
¿Qué ley, justicia o razón, negar a los hombres sabe privilegio tan suave, excepción tan principal, que Dios le ha dado a un cristal, a un pez, a un bruto y a un ave?  y teniendo yo más alma, tengo menos libertad,  y yo, con mejor instinto, tengo menos libertad, y teniendo yo más vida tengo menos libertad.  El que está hablando es Segismundo. Yo representé esta obra cuando tenía dieciocho años. Entonces me correspondió el papel del rey Basilio,
48:58    |    
rey de Polonia, el padre de Segismundo; el hado le había dicho que su hijo sería un monstruo que lo destronaría. Le inoculó un narcótico, lo metió en la torre, y desde ahí oíamos hablar a Segismundo. ¿Para qué todo esto? Cambiemos de tercio. La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. 
50:02    |    
Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre. Por la libertad, así como por la honra [otra vez la honra], se puede y debe aventurar la vida. Y por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Queridos amigos, sobre todo alumnos de nuevo ingreso: este texto lo van a oír ustedes muchas veces en este ámbito que se pretende que sea la casa de la libertad.
51:13    |    
Pero no es un jardín botánico, no es solo un laboratorio. Hay que vivirla, hay que encarnarla, hay que protegerla, hay que profesarla, hay que propagarla, hay que difundirla, hay que defenderla. Y Dulcinea —Aldonza Lorenzo se llamaba, pero don Quijote la llama Dulcinea— tiene apellidos: Dulcinea libertad, Dulcinea justicia, Dulcinea belleza,
52:12    |    
Dulcinea generosidad, Dulcinea desvelo, Dulcinea sacrificio, Dulcinea sentido de responsabilidad, Dulcinea ternura, Dulcinea disciplina, Dulcinea entrega. En doce años don Quijote la vio cuatro veces y nunca habló con ella. Dulcinea, según Sancho, seguía llamándose Aldonza Lorenzo,
53:12    |    
porque los cuerdos, los demasiado cuerdos la llamaban Aldonza Lorenzo: el ama, la sobrina, el bachiller, el barbero, el cura, todos la llamaban Aldonza Lorenzo. Pero don Quijote la llamaba Dulcinea y, según él, un caballero andante sin Dulcinea, sin amores, es como un árbol sin hojas y sin frutos;
54:06    |    
es como un cuerpo sin alma, sin libertad, sin justicia, sin belleza, sin generosidad, sin desvelos, sin sacrificio, sin entrega. ¿Para qué seguir? El día 26 de diciembre, yo me trasladaba por la carretera de El Salvador a una casita que tengo en la montaña, donde solo hablo con los árboles, con las nubes, con el cielo, con el viento, con el río y conmigo mismo. Antes de llegar a Condado Concepción, el tráfico iba muy lento.
55:13    |    
Yo ya me iba mosqueando y solo lograba ver que delante de mi iba un picop y delante del picop percibía un casquito; entonces empecé a armar mi propio juicio: “¡Ah!, tenía que ocurrir aquí; seguramente estos papás le han comprado la bicicleta al muchachito y ahora están aprovechando la oportunidad para que el muchachito vaya por la carretera entrenándose y presumiendo de la bicicleta, 
55:55    |    
como si los demás tuviéramos algo que ver con esto”. Naturalmente, yo tomé mi vía por Condado Concepción para entrar a Walmart, y me di cuenta de que quien iba en la bicicleta era un joven con una sola pierna. Y entonces me eché a llorar, seguí mi camino llorando y le pedí perdón a Dios por haberme dejado llevar de este prejuicio. 
56:44    |    
Y me dije: Amable, ¿te das cuenta de cómo estás tú? Vas cómodamente en tu carro, funcionan tus oídos, funcionan tus piernas, funcionan tus manos, funciona tu voz, funcionan tus ojos. . . ; y todavía pensé: sí, pero estás operado del corazón desde hace doce años; sí, pero ni los médicos ni la cirugía pudieron impedir que tu corazón siguiera volando y siguiera soñando.
57:24    |    
Bueno, Sancho y don Quijote también volaron.  Cuando estaban en casa de los marqueses les hicieron muchas jugadas; dirían en mi pueblo, muchas perrerías. Y entre ellas, los convencieron de que tenían un caballo que volaba; y entonces les cubrieron los ojos, y todavía le decían la dolorida, la duquesa, la Trifaldi. . .
58:19    |    
El nombre de este caballo, les decía ella, no es como el caballo de Belerofonte, que se llamaba Pegaso; ni como el del Magno Alejandro, llamado Bucéfalo; ni como el del furioso Orlando, cuyo nombre fue Brilladoro; ni menos Bayardo, que fue el de Reinaldos de Montalbán; ni Frontino, como el de Ruggiero; ni Eous, ni Peritoa. . .—no sé cómo se pronuncia esto ni cómo lo pronunciaría la dichosa duquesa, cómo dice que se llaman los del sol—
59:08    |    
ni tampoco se llama Orelia, como el del último rey de los Godos. Se llama Clavileño el alígero. Un caballo de madera con unas clavijas. Le cubrieron los ojos, montaron sobre Clavileño, empezaron a darle aire con unos abanicos, y don Quijote y Sancho volaban; creían que estaban volando. Cubriéronse y sintiendo don Quijote que estaba como había de estar, tentó la clavija  
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y, apenas hubo puesto los dedos en ella, cuando todas las dueñas y cuantos estaban allí levantaron las voces diciendo: “Dios te guie, valeroso caballero; Dios sea contigo, escudero intrépido. Ya, ya vais por esos aires, rompiéndolos con la velocidad de una saeta”. ¡Ay, don Amable!, pero imagínese: si esto es una obra del siglo XVII. ¿Qué tiene que ver esto con lo que ocurre ahora?
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 ¿Para qué todo este cuento, hombre? Pues miren: Misión Espacial Don Quijote. Los científicos de la Agencia Espacial Europea seleccionaron los dos asteroides que utilizarán para su Misión Don Quijote. El objetivo de Don Quijote es estudiar formas de desviar asteroides que se acerquen demasiado a la tierra 
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y evitar en el futuro un impacto en nuestro planeta. La misión consiste en lanzar dos naves espaciales hacia los asteroides, explicó a BBC Mundo el astrofísico Andrés Gálvez, jefe del equipo a cargo del proyecto de la ESA. Una de estas naves, llamada Hidalgo —. . . “en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no ha mucho tiempo un hidalgo”, 
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porque actuaba con hidalguía. Un caballero que era, más que andante, caballero, porque actuaba con caballerosidad. Una de estas naves, llamada Hidalgo, chocará contra el asteroide, para desviar su curso, mientras la otra, Sancho, estará monitoreando el impacto. Recordemos que, más de una vez, mientras don Quijote peleaba, Sancho se quedaba rezando.
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Jóvenes: esta es la casa de la libertad; jóvenes, hay un refrán que dice: “ancha es Castilla”; jóvenes, hay un libro de Ciro Alegría que se titula El mundo es ancho y ajeno; jóvenes, la libertad está ahí y es para nosotros. Sueñen, sueñen, sueñen. Vuelen. Esto no les quitará realismo a sus empresas. El día que no sueñen y que no vuelen un poco será un día perdido. Gracias.



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Lección inaugural: ser, estar y hacer según Don Quijote de la Mancha

17 de enero de 2013   | Vistas: 37 |  

La lección inaugural de la Universidad Francisco Marroquín fue dictada por el doctor Amable Sánchez quien ofreció las palabras de bienvenida a todos los miembros de esta casa de estudios y se dirigió principalmente a los estudiantes de primer ingreso para hacer una reflexión sobre el ser, estar y hacer según Don Quijote de la Mancha, personaje de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, destacado por su hidalguía, generosidad y nobleza de ánimo, caballerosidad, gentileza, desprendimiento, cortesía y otras cualidades semejantes.

También, se refirió al don y lucha por la libertad, y para finalizar, citó las palabras de Don Quijote: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres".




IDEAS DE LA LIBERTAD

Nuestra misión es la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables.

Universidad Francisco Marroquín

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